INTRODUCCIÓN
Al llegar a Siega Verde nos encontramos con un paisaje al que quizá no estemos muy acostumbrados. Un río que se quiere empezar a encajar, no en vano estamos a las puertas de Las Arribes. Aunque todavía la ribera no es muy abrupta, asoman por doquier uñas de pizarra que quieren arañar el cielo. Los habitantes de estas tierras, en el Paleolítico Superior, vieron en esta zona algo especial que les hizo considerarlo un lugar donde poder invocar a sus dioses para que la caza les fuera favorable.

Indudablemente
la caza aquí debía ser muy abundante y variada, a tenor de la
cantidad de especies representadas en los paneles.
Mira a tu alrededor e imagina un grupo de rudos hombres ataviados con las pieles de los animales aquí plasmados, provistos de toscos arcos y flechas terminadas en cuidadosas puntas de sílex. Si te das cuenta, es una zona donde se puede observar con bastante facilidad desde los lugares altos los animales que bajan a beber en los remansos del río, con abundante agua incluso en época de sequía. Es el momento que nuestros antepasados aprovechaban para cazar y llevar a sus poblados, aún no descubiertos, la comida para alimentar a su familia. Mientras ellos cazaban, las mujeres recolectaban cereales, gramíneas y frutos silvestres con los que completar su alimentación y la de sus hijos.
Ahora comprenderás mejor lo que vas a ver: son las representaciones de los animales que estos hombres querían cazar. Por estas representaciones podemos saber a cuales les daban mayor importancia: caballos y toros, casi siempre realizados con la técnica del piqueteado y a cuales menos: Cabras y ciervos normalmente realizados mediante incisiones. No olvidemos que aún no conocían la ganadería y todas estas especies eran animales salvajes. Sabemos que el clima era muy frío, pues también hay renos, bisontes y rinocerontes lanudos. Es el final del Paleolítico Superior, entre el Solutrense y el Magdaleniense, como llaman los historiadores a esta etapa de hace unos 18.000 años.

Los grabados de los animales los realizaron con las herramientas que poseían, fabricadas solamente de piedra. Unos están hechos con incisiones y otros, probablemente los que tenían más importancia para ellos, los piqueteaban para que se vieran mejor, porque no nos olvidemos que estos grabados los hicieron en lugares accesibles, para ser admirados.
Las representaciones pueden tener muchos significados que se nos escapan: propiciar
la fecundidad de los propios animales para que la caza fuera abundante, reclamar
a los animales para que se acercasen a esta zona tan apta para cazarlos, que
la caza se diera bien y los animales no se les escaparan... todo un conjunto
de buenos augurios semejantes a los que invocamos actualmente en nuestros templos.
No en vano, aunque a cielo abierto, este lugar lo consideramos un importante
santuario paleolítico, sin nada que envidiar a otros quizá más
conocidos en cueva como las de Altamira o Ramales de la Victoria.

Siega Verde es muy similar tanto en su paisaje y ubicación al aire libre,
técnicas y representaciones a los yacimientos portugueses del Côa
o de Mazouco o al español de Domingo García en Segovia.